¿Coach o no Coach?… esa es la cuestión

El Coaching está de moda (aunque ya se le empieza a pasar) y como en toda disciplina, conocimiento o “cosa” que está de moda muchos se han subido al carro a viajar «de gratis»… y es que el Coaching, como tal presenta algunas lagunas que hacen que muchos oportunistas se estén aprovechando de la situación y desprestigiando el buen hacer de los pocos (sí, hay pocos, MUY POCOS, Coach de calidad), y es que ser un buen Coach es MUY difícil.

Primero de todo decir que yo no soy Coach o Coacher (como he oído que alguno se autodefine) y no por falta de formación, que la tengo (tengo la fortuna de haberme formado con algunos de los mejores, y la que yo considero mi mentora, la persona que más me ha influido profesionalmente es una Coach excepcional), pero eso no me capacita para ser Coach. Para ser Coach hay que tener una sensibilidad, capacidad de análisis, madurez mental y orientación que no todo el mundo tiene. Yo soy formador y/o consultor, lo que es muy diferente. 

Pero bueno, me dejo de rollos, afilo cuchillos y voy, a por todas, a poner a algunos en su sitio, que bien se lo merecen.

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Por donde empiezo…

En la última década se ha observado el floreciente crecimiento del Coaching, apareciendo múltiples profesionales y empresas dedicados al tema. Sin embargo el principal problema del Coaching es que no está regulado formalmente, lo que nos lleva a, por ejemplo, que una persona que el año pasado era peluquero/a, ha hecho un cursillo de 50 horas en Coaching y ahora se autodefine como Coach en Imagen Personal, ¿la diferencia? El año pasado cobraba 20€ por un corte, pero como Coach cobra 100€ (por muy surrealista que pueda parecer, este ejemplo es 100% real).

Esta falta de regulación académica ni legal, permite que cualquiera se pueda autodenominar Coach. El sentido de la palabra (y no digamos ya de la profesión) se ha perdido. El resultado de todo esto, Coaches que no tienen ni idea de lo que hacen apareciendo como champiñones, ofreciendo sus servicios para mejorar la calidad de vida de las personas que tienen a su alrededor.

Sí, es cierto que han aparecido algunas agrupaciones de Coaching que intentan poner un poco de orden y concierto en esta situación, pero tampoco es oro todo lo que reluce, ¿el motivo? Como siempre el dinero. Si yo pago 2000€ por una formación en Coaching (por buena o mala que sea) seré Coach sí o sí y me darán el papelito de marras sí o sí, total, no hay regulación…

A esto añadimos las formas de hacer Coaching, que las hay muy diversas, algunas más serias que otras. Me hace especial gracia lo que yo llamo «Coaching Cumbayá», o Coaching mediante abrazos, que me provoca una profunda vergüenza ajena, pero bueno no seré yo quien se atreva a decir cómo hay que desarrollar el proceso de acompañamiento que es, en realidad, el Coaching.

En lo que sí aplico un índice de tolerancia cero es con el intrusismo profesional, sobretodo cuando atenta a la salud de las personas (yo soy Psicólogo), y es que estos Coach de pacotilla no son conscientes que su mala praxis puede afectar, de forma muy profunda, a sus Coachees.

En primer lugar decir que el Coach es un método de desarrollo, de potenciación de capacidades (para que nos entendamos, sirve para reforzar o mejorar) pero NO ES TERAPIA. Si quieres ser un buen orador en público ves a un Coach, pero si lo que quieres es superar tu miedo a hablar en público ves a un psicólogo o a un terapeuta. El drama es que estos intrusos se creen capacitados para enfrentar y abordar cualquier situación, incluso trastornos… y no lo están.

El resultado, es que tenemos personas que tras una ruptura o pérdida que les ha dejado emocionalmente desequilibrados, personas con estados depresivos tras haber perdido un trabajo, o parejas que necesitan ayuda pues su vida conyugal se está desmoronando y hacen sufrir a sus hijos… van a un/a autoproclamado Coach y no a un terapeuta que sí sabe lo que está haciendo en esos campos.

El Coaching es un método que trabaja directamente con los individuos, sus procesos mentales y emocionales. En el caso de que dicho proceso no esté bien guiado, las consecuencias pueden ser devastadoras teniendo un impacto negativo importante en la vida del Coachee. La ética, responsabilidad y cuidado del Coach, no están aseguradas cuando no existen marcos regulatorios… y no los hay.

¿Sabéis que distingue a un buen Coach de uno que no lo es? No es como hace Coaching (sus métodos o herramientas), es su capacidad de elegir a sus clientes, de decidir qué es de su competencia y que no, y en caso necesario, ser lo suficientemente responsable de derivarlos a especialistas. Para que quede claro, voy a definiros qué es y qué no es el Coaching:

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¿Qué es el Coaching?

Según uno de los padres del Coaching, Timothy Gallwey, la esencia del mismo es la siguiente: “El Coaching consiste en liberar el potencial de las personas, para que puedan llevar su rendimiento al máximo. Consiste en ayudarlas a aprender en lugar de enseñarles.”

La tarea del Coach no es resolver problemas, enseñar, asesorar, instruir o transmitir conocimientos; consiste en ser una caja de resonancia, un eco, un espejo, un facilitador, un catalizador de la autoconciencia.

Por todo ello podemos decir, que el Coaching es un proceso de cambio, de mejora, en el que un Coachee o cliente, busca un Coach para que le acompañe en ese proceso a modo de espejo, de facilitador pero en ningún caso dándole consejos o soluciones. Es el propio cliente el que busca las soluciones dentro de sí mismo.

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¿Qué no es el Coaching?

Coaching no es Formación: el formador transmite saberes y el alumno lo que busca son conocimientos y habilidades que aprovechar (el Coaching comienza donde termina la Formación). Por lo que tampoco es ofrecer Conferencias y Seminarios sobre Coaching, algo que no es sino una forma de formación.

El Coaching no es Psicología ni psiquiatría, pues no es una ciencia que estudia la conducta humana (ni a nivel conductual, ni biológico, ni neurológico, ni…); tampoco trabaja sobre patologías, sólo es una metodología para su cambio. Una persona con una patología o con una enfermedad mental necesita un terapeuta o un medico y no un Coach, así de simple.

El Coaching no es Mentoring: el mentoring ofrece consejo normativo el Coaching busca encontrar la autosugerencia reflexiva y creativa.

El Coaching no es Consultoría, pues frente a la aportación externa de soluciones que ofrece un consultor, el coaching defiende la búsqueda propia de las mismas.

El Coaching no es impartir Clases de Coaching ni  Escribir Libros y Artículos al respecto. Así como tampoco es una salida profesional rápida, fácil y rentable pese a la práctica inexistencia actual de barreras de entrada todavía.

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Para terminar…

Si crees que necesitas un Coach primero de todo plantéate si es lo que realmente necesitas. Si aún sigues considerando que quieres que un Coach te ayude y no sabes cómo encontrar a uno que haga las cosas bien, escríbeme y estaré encantado de ponerte en contacto con un Coach “de verdad”, que se ajuste a tus necesidades.

Artículo escrito por Pere

Webinar: Smart-Working, liderando Equipos Deslocalizados

El pasado 20 de Mayo de 2020 participé, invitado por la gente de Customia StartUp Factory en un Webinar sobre Liderazgo, gestión de equipos de trabajo y otras Soft Skills aplicado a Equipos Deslocalizados. Por si te lo perdiste, a continuación tienes a tu disposición el vídeo completo.

Descripción del contenido:

Liderar equipos deslocalizados no es sólo cuestión de tener y saber usar herramientas tecnológicas de organización y gestión de proyectos. Quitar de la ecuación la presencia física implica que las dinámicas de trabajo cambian y las relaciones interpersonales se reformulan, por eso los líderes deben también adaptarse a este nuevo entorno. ¿Sabemos realmente liderar equipos a distancia?

  1. ¿Qué se debe tener en cuenta a la hora de liderar y gestionar un equipo que teletrabaja por primera vez?
  2. Comunicación y asimetría informativa.
  3. Procesos y organización del trabajo: Diseño por sustracción.

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Si tienes cualquier pregunta, quieres profundizar más en el tema, o crees que puedo ayudar a tu empresa, no dudes en contactar conmigo.

¿Becarios o Precarios?

Últimamente me siento bastante reivindicativo, estás muy “cañero” me dicen algunos… y tienen razón. No sé si habré perdido la paciencia o que ya estoy cansado de ver engaños uno tras otro la luz del día, pero la verdad es que últimamente estoy especialmente sensible con los que abusan el sistema; como dice Broadbent, somos perceptivamente selectivos y vemos lo que buscamos ver, será eso… ¿verdad?. Así que vamos a abordar un tema que considero hay que tratar: Los Becarios. Vamos a ello.

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¿Qué es un becario?… o mejor dicho, vistas las circunstancias ¿Qué debería ser un becario?

Un becario es, sobre el papel, un estudiante que, dentro de un organismo público o privado realiza prácticas en empresas ya sea con retribución económica o sin ella, con el objetivo de iniciarse en el mundo laboral, prestando el conocimiento adquirido en sus estudios a cambio de desarrollar competencias laborales en el mundo profesional real.

Un concepto básico del estudiante en prácticas es que NO es un trabajador (es un estudiante, un aprendiz) y por lo tanto NO es responsable de su trabajo, el responsable es su tutor que tutoriza, enseña, mentoriza… al estudiante. La responsabilidad del becario es aprender.

Y porqué pongo un poco más arriba ¿Qué debería ser un becario? Pues porque a la vista de la normativa vigente que regula este ejercicio (la puedes consultar AQUÍ), en poco o nada se parece la realidad diaria de los estudiantes en esos puestos de trabajo, con los «deberes» que las llamadas “empresas colaboradoras” tienen para con ellos. 

La realidad es que a pesar de que el becariado se ha generalizado en todos los sectores profesionales de nuestro país, no se trata de una actividad que genere una mutua reciprocidad beneficiosa entre el becario y la empresa. En la mayor parte de las ocasiones esta relación es un aprovechamiento (por no llamarlo explotación laboral o abuso) por parte de las empresas de lo que percibe como una mano de obra barata o gratis, que está cualificada y con conocimientos técnicos, mostrando un total desinterés por el devenir y el futuro del estudiante, más allá de su rendimiento en el puesto de trabajo que ocupe temporalmente.

Esta perversión de lo que debería ser una herramienta de desarrollo con un gran beneficio y retorno de la inversión (ROI) para todas las partes (los futuros profesionales, las empresas que tienen una herramienta de detección de talento genial, e incluso para nuestro país que necesita de ese desarrollo y capacitación de su fuerza de trabajo como el comer) ya es deplorable de por sí. Pero lo que más me entristece es que en las empresas en la que esto sucede, los departamentos de Recursos Humanos, en el mejor de los casos miran hacia otro lado, y en el peor, lo justifican o incluso lo promueven…

A mi, que quiero y adoro esta/nuestra profesión, que debería llevar por estandarte la ética y valores humanos, se me revuelven las tripas cuando veo tantos «profesionales de los Recursos Humanos» que tratan a sus trabajadores (esos Humanos del vocablo) como simples Recursos. No estamos haciendo las cosas bien.

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¿A dónde nos lleva esta situación?

Con esta situación, el futuro que depara a los universitarios españoles se antoja poco menos que terrible. Lo que debería ser un ejercicio de prácticas para afrontar con los mejores avales su incorporación al mundo laboral se ha convertido en un ejemplo de precariedad profesional precariedad y explotación laboral. No es de extrañar pues, a la vista de las condiciones y resultados de su experiencia como becarios y ese triste futuro que se les presenta, que muchos jóvenes licenciados, estudiantes de módulos profesionales (¡nuestro futuro como país!) cada vez en mayor número, vayan optando por la emigración en busca de una vida mejor. 

El resultado es un auténtico y estrepitoso, además de costoso, fracaso del sistema educativo español y del conjunto de entorno laboral. 

Lo que estamos haciendo, en definitiva, es regalar la larga y costosa preparación académica y el talento de nuestros jóvenes a otros países sin que a sus beneficiarios, les haya reportado coste alguno.

Artículo escrito por Pere Sbert

Re-Engaging: La vuelta a casa

Desde hace meses, hay varios conceptos que flotan en las comunicaciones digitales: Nueva normalidad, reinventarse, digitalización, teletrabajo,… Todos estos conceptos, la mayoría no son ni siquiera nuevos, no han dejado de llenar las páginas de artículos sobre cómo será el trabajo dentro de unos meses. Pero no he podido dejar de pensar precisamente en esos meses que están al caer. En cómo vamos a volver. Y hay una cuestión de la que creo que no se está hablando lo suficiente, y es el re-engaging del trabajador.

Desde principios de siglo, no hemos dejado de ver tendencias en los Recursos Humanos más humanas que nunca: Propósito, felicidad, desarrollo, formación. La era de las grandes tecnológicas ha creado un paradigma singular en el que un nuevo modelo del trato al trabajador ha sido posible. Evidentemente, estas prácticas se han esparcido como reguero de pólvora en muchas de las grandes empresas, bajo el mantra indiscutible de que el trabajador es lo más importante.

Y, como un macabro efecto mariposa, un murciélago aletea sus alas en Wuhan y termina convirtiéndose en el caldo de cultivo de la mayor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial. Millones de divisas en pérdidas, millones de puestos de trabajo perdidos, y, lo que es peor e irrecuperable, miles de muertos por todo el globo. Se abren expedientes de regulación de empleo, se realizan despidos, no se llama a los fijos discontinuos y miles de empresas tienen que echar la persiana, al menos, durante una temporada.

Y llega el día de mañana. El día en el que, más tarde o más temprano, se vuelvan a abrir las puertas. Ya podemos volver a nuestra nueva normalidad. El teléfono suena y, si somos de los afortunados, nos dicen que ya podemos volver a ocupar nuestro nuevo puesto de trabajo anterior. Y es aquí donde empieza el nuevo problema.

Tras esta situación de crisis tan repentina, es normal que el trabajador que vuelve a ocupar el puesto, sienta que esa filosofía emergente de la importancia del trabajador haya perdido fuerza. El que otrora fuera parte de una fuerza de trabajo y, posteriormente, relegado al banquillo, ahora se encuentra de nuevo en primera línea, pero las cosas ya no son como antes.

La empresa ha tenido que tomar decisiones. Unos se han visto afectados más que otros. Y por muy salomónica que pueda resultar esta estrategia, las percepciones de cada uno son, como buen constructo cognitivo, puramente subjetivas. La teoría de equidad de Adams cobra ahora más sentido que nunca. Las decisiones que se han tomado pueden ser percibidas como arbitrarias, injustas, o, peor aún, egoístas desde el punto de vista de la empresa, y eso va a tener repercusión directa en el sentimiento de pertenencia y en el rendimiento del trabajador.

No sólo eso. Los equipos se han desmontado. Pero un equipo es un ente vivo, como nos ha enseñado la psicología social, que adquiere experiencias singulares que van más allá de las experiencias individuales. Pero ahora hay individuos que se han quedado fuera de esas experiencias colectivas. Experiencias que, debido a la naturaleza de esta crisis, han podido resultar emocionales e intensas. Y es por ello que la reintegración plantea nuevos desafíos.

Es indiscutible que, en el paradigma de la nueva normalidad, no podemos dejar de plantearnos la reinvención dentro del entorno empresarial, la innovación y el cambio a los nuevos tiempos. Pero es importante no perder de vista que, en aras de esta nueva situación, nos aguarda un desafío que no podemos obviar. Y es el momento en que debemos volver a convencer a cada uno de los nuestros que los trabajadores son lo más importante de una empresa.

Artículo escrito por Sebastián Barceló
Fuente original